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OPINION
Esto no es un centro educativo, Magritte
08.03.08 -

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SE levanta el profesor por la mañana, se va al cole y en clase aparece de golpe en un cuadro de Magritte. Esto no es una pipa. Esto no es un instituto. Y, sin embargo, con cuánto realismo se ve, diríase una fotografía. Pero es un cuadro. Es fácil tomarlo por real. Desde la Consejería de Educación, una pincelada aquí, otra allá, ni duermen ni descansan para dar la ilusión de realidad. El profesor que se levanta por la mañana sabe que va derecho a un cuadro de Magritte. Desde dentro del cuadro, en el entramado de la tela, imperceptible a simple vista, el profesor se siente como el peatón de principios del XX cuando coincidían en las calles sin asfaltar carros tirados por burros, coches de tiros, tranvías, jinetes y los primeros automóviles. Si era mujer, además, estaba obligada a caminar con faldas largas con polisón, sobre botines. Barro, charcos, aguas inmundas. Cruzar una calle, una glorieta era exponerse a encontrarse a los pies de los caballos.

A los pies de los caballos se siente el profesor cada mañana. En el aula de principios del siglo XXI se ha asentado un ordenador por pupitre. La pizarra, la tiza, los libros, los cuadernos escolares, los lápices de colores, el chicle, el móvil, el videojuego, juguetes varios transitan por el aula sin más orden y concierto que el que marca el deseo siempre insatisfecho de novedad. Y como el tráfico, entonces, con normas acertadas, absurdas o contradictorias, según ocurrencia del regulador de turno.

Esto no es un aula, planea la sombra de dos ordenadores por pupitre, sobre el pupitre. El pupitre es el aula. Si no hay pupitre, no hay aula. Como si el clima que necesita la trasmisión del saber emanara de la disposición espacial de los elementos del aula: mesa del profesor, pizarra, y pupitres pareados en hilera perviven. Pervivencia del viejo sistema escolar, transitan por nuestros centros: libros, ejercicios, exámenes sistemas de notas, evaluación de aptitudes y de actitudes, y, a partir de ahora, evaluación de la ciudadanía; Internet, trabajos en proyectos, aprendizajes de herramientas y otras maravillas que se han ido añadiendo a los saberes clásicos: matemáticas, lengua y literatura española, geografía e historia, ciencias naturales, física y química, educación física, dibujo e idiomas. Los nuevos tiempos demandaban -o así lo vendieron- la jornada intensiva en los centros escolares. Después, a la jornada continua en Primaria le salió un hijo bastardo: las actividades extraescolares, en jornada de tarde. Ahora, a la Secundaria, le viene un hijo natural: clases de refuerzo en jornada de tarde. Los chicos y el profesor a los pies de los caballos, cada día. El cuadro de Magritte que hoy le toca es El imperio de las luces, donde el día y la noche aparecen a la vez. Hará jornada continua junto a los alumnos. Y por la tarde clases de refuerzo, una vez por semana. De 7 de la mañana a 21.00 horas cuando quiera regresar a casa. El profesor que quiera reforzar (es voluntario) y el alumno reforzado (¿voluntario?). El día y la noche aparecen a la vez. Esto no es un centro educativo, Magritte. Los exámenes en septiembre son antipedagógicos, no sirven para nada. Fulminados los exámenes de septiembre, atoremos a los muchachos de mayo a junio, como a las ocas, hinchemos su cerebro y luego, sírvanse, en decoradas tapitas, los aprobados a la canela.

Refuerzo

Me pregunto ¿no hay suficientes sistemas de refuerzo? Se refuerza en 1º y 2º con Herramientas de lengua y Taller de matemáticas. A partir de 3º y 4º existe el refuerzo de Diversificación. Cada profesor en su materia pelea por sacar adelante, por tirar del carro estacionado (el alumno atascado), día tras día. El profesor ha ido adaptándose sucesivamente al nivel de los alumnos (al más rastrero, no al de altos vuelos). Si no saben leer cuando llegan a la Secundaria, les enseña. Si no respetan las reglas de cortesía, se les inculca. Si no estudian, no hacen los deberes, no traen los materiales de trabajo les prepara un cuaderno de seguimiento que rellena a cada hora de clase cada uno de los profesores. Manda mensajes en la agenda, por Rayuela. Propone un aula Cero, lugar de tránsito previo a la sanción, para modificar comportamientos e inculcar la responsabilidad y la reflexión sobre el propio aprendizaje (quiere hacer escarmentar al alumno en cabeza ajena, pero sin dolor). Les examina a trechos pequeños de materia, les aplica la evaluación continua y la recuperación de la evaluación continua, prepara materiales alternativos de refuerzo para no perder a los rezagados, materiales adaptados para contrarrestar las lagunas que le inundan de de todas partes sacrifica su tiempo libre para preparar y corregir se forma en Internet y nuevas tecnologías, hace cursos para estimular la creatividad a ver si por ahí les engancha, estudia técnicas de socialización, se empapa en Rayuela, esquizofrenias, conflictos de pareja y problemas de tutela en su tiempo libre. Mantiene el tipo, la tensión, la alegría de 8.30 a 14.30 horas y cada día despierta, página en blanco, y va al cole y entra, como cada día, en un cuadro de Magritte, Esto no es un centro educativo.

Se pregunta dónde se ha ido el tiempo mágico de entrada en el aula, en el que alumnos predispuestos escuchaban y se dejaban seducir. Mira a su alrededor y lo que ve es una jaula de grillos, un corral de gallinas. ¿Si habla, le entenderán? Se sienta, cascada la voz de mandar callar una vez y otra. Espera que se den cuenta y pueda empezar a hilar el camino por donde se quedó cada cual. Se pone a hablar, poco a poco el run run se extiende de nuevo se calla una vez más, espera el silencio como si fuera un milagro. Y vuelta a empezar. Toca el timbre, rellena los cuadernos de seguimiento, recoge los cuadernos, corrige los ejercicios, pone notas en las agendas, rellena amonestaciones, hace memorias, rellena impresos, estudia estadísticas, datos, analiza soluciones. Le dicen ¿so!, y para. Le dicen ¿arre!, y va. Le dicen que los burros vuelan, y él está dispuesto a verlos volar si se lo explican con mediana coherencia. Las hormonas, la edad, la desmotivación, la tele, la sociedad de consumo, los problemas de familia, la situación laboral

Errores

La jornada continua fue un grave error. Implantar un ordenador por pupitre y anquilosar la movilidad del alumno en las aulas fue un error. Que los ordenadores ganaran espacio y lo perdieran las zonas de tránsito y de expansión de los alumnos fue un error. Que para mantener en perfecto estado de salud los equipos informáticos, haya que sacar a los alumnos a los pasillos y echar la llave, es un error. Que los alumnos deban permanecer, quieran que no, en la Secundaria obligatoria sin más opción que dar la tabarra al profesor, fue un error, sigue siendo un error. Que los alumnos promocionen estudien o no, es un error, sigue siendo un error que se propaga como viruela. Prolongar con refuerzos por la tarde a quién no quiere aprender reforzado en la mañana, será un error. Incrementar hasta un ordenador por alumno será multiplicar el error por dos. Internet se atora ya, aula Linex se cuelga ya, Rayuela es obligado oficio de tinieblas y los alumnos frustrados en las aulas -doblemente frustrados porque la tecnología no suple el trabajo personal ni la capacidad intelectual individual, laminan y destrozan los equipos, seguirán laminando y destrozando por dos. Como encerrados en un cuadro Magritte, los alumnos y el profesor.
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