-Más que preocupante, está desconcertada, carece de referentes, de motivos para buscar necesidades, para creer... Pero también creo que está deseando encontrarlos, deseando tener gente que les ofrezca razones para la esperanza. A mí no me preocupa esta generación desde el punto de vista del conflicto, sino porque no saben lo que quieren. Debemos descubrir sus necesidades. Hay que llevar a nuestros alumnos hacia el pensamiento crítico o, quizás, y aunque pueda parecer una obviedad, a hacer uso de la capacidad de pensar.
-¿Se trata de darles confianza?
-Si no tienes confianza en ellos no nace nada, ni el respeto ni la empatía ni la capacidad de trabajo. Hay que asumirlos completos en defectos y completos en virtudes, saber que tienes ante ti a adolescentes llenos de vida, de errores, de preconcepciones a veces falsas, pero también de emociones y de cariño. El profesor debe dejar que le saquen el máximo provecho a todo lo que él puede dar: valores, conocimiento, entrega, cariño... El profesor debe sentir ante todo cariño por sus alumnos. El cariño es fundamental en la enseñanza. Hay que evolucionar desde una actitud pasiva del alumno a una activa, en la que ellos sean protagonistas y motivadores de la acción docente. Sinceramente, creo que así se genera ilusión y motivación en el profesorado.









