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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 febrero 2010

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RICARDO BASCO DOCTOR EN BIOLOGÍA, PROFESOR DE INSTITUTO
«El profesor debe tener cariño a sus alumnos»
El docente cacereño, de 43 años, tiene más de treinta premios en su currículum, el último de ellos el Nacional del Colegio de Doctores y Licenciados, recién concedido

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«El profesor debe tener cariño a sus alumnos»
«Los planes de estudio están fallando, se ha ido bajando el listón poco a poco », analiza Basco. /LORENZO CORDERO
El currículum de Ricardo Basco tiene 38 páginas, aunque probablemente, él tuerza el gesto al leer este dato en el periódico. En uno de esos folios finales está la última distinción que le han concedido: el Primer Premio Nacional del Colegio de Doctores y Licenciados, por un trabajo que utiliza la música para acercar a sus alumnos a la Naturaleza extremeña.

-¿Que los estudiantes reciban clases fuera del aula es necesario, aconsejable o fundamental?

-Siguiendo la línea, ya muy antigua, de la Institución Libre de Enseñanza, de Giner de los Ríos, la enseñanza docente en clase no tiene sentido si no está acompañada de la experiencia, al menos en Biología y Geología, mi asignatura. Les puedes hablar de fósiles y de plantas, pero si no los tienen en la mano, si no lo ven, si no huelen un hongo, no van a saber qué es. En esta asignatura, salir del aula es imprescindible. En otras creo que no, aunque siempre es recomendable. No se debería ver como algo extraordinario. Ahora estás entre paredes lo mismo que mañana estás entre árboles o con los pies metidos en un regato cogiendo piedras.

-¿Qué reacción percibe en los jóvenes en esas lecciones fuera del aula? ¿Cree que aprenden, que se divierten o básicamente gamberrean?

-Al principio sí que gamberrean, es inevitable, pero a partir de la tercera salida empiezan a tomárselo en serio y al final se ilusionan. Se autogestionan, se hacen responsables de lo que están haciendo. Por ejemplo, estuvimos en Monfragüe y metimos unos cristalitos portaobjetos en la tierra, en distintos sitios. Teníamos que ir a recogerlos al cabo de diez o doce días para después examinarlos. Y ellos eran los que me decían a mí donde los habíamos puesto. Me decían 'Nos queda un día, tenemos que ir a recogerlos', y nos íbamos por la tarde, en mi coche.

-Hay una queja extendida entre el profesorado: se da mucho más de lo que se recibe...

-Yo no estoy demasiado de acuerdo con eso. Yo creo que recibo de los alumnos más de lo que les doy. Todo depende de la actitud de receptividad que tengas. Lógicamente, si tú consideras que estás dando mucho, no habrá esa reciprocidad. Sin embargo, si vas en una actitud abierta y humilde, sí recibes muchísimo. Yo parto de la idea de que ellos son mentes nuevas, frescas y limpias. Como no saben nada, te dan lo que tienen, y a veces te aportan ideas brillantes, y te aportan también la alegría de la juventud. Estoy en desacuerdo con el 'profesor coleguita', el que va de guay con los alumnos, pero sí creo, y así lo intento hacer, en la amistad como base de la relación profesor-alumno, una amistad sincera, sencilla y confiada, que nazca libre y espontáneamente desde ambas partes. Y desde esa amistad, construir la educación. Creo recordar que decía Antonio Machado que educar era ante todo un ejercicio de amistad, de libertad compartida.

-Si compara sus alumnos de ahora con los de sus primeros años, ¿cree que ha cambiado mucho el perfil?

-En conjunto, sí. La nota más discordante que veo es la falta de responsabilidad en clase. Les da igual, es una especie de apatía, no asumen las tareas que tienen, se tragan lo que les das y ya está. Faltas de disciplina yo no las encuentro. Falta de preparación, sí. Vienen con menos conocimientos que antes. Básicamente, es que no quieren aprender, o no se dejan enseñar. Pero por apatía, o por falta del sentido del deber. Luego, dentro de cada clase, hay cinco alumnos, o cuatro, tres, que sí me recuerdan a los alumnos de mis primeros años. Están ilusionados, motivados.

-¿Cómo explicar este cambio?

-Yo creo que los planes de estudio están fallando. No quiero ser radical, pero creo que se ha ido bajando el listón poco a poco y cada vez se les exige menos. Cuando llegan a primero de Bachillerato y no se les ha exigido en los ocho cursos anteriores, ¿cómo les vas a exigir si no tienen la base? Por un lado sucede esto, y por otro, sucede que durante todo este tiempo no se ha educado en valores.

_¿Educar en valores es más una tarea de los padres?

-Yo estoy más de acuerdo con las ideas de José Antonio Marina, que dice que la sociedad y los centros tienen que ser inteligentes. Educar en valores es una tarea de todos: de los padres, del bedel, de la señora del bar, de la de la limpieza, los profesores, la gente en la calle. No se le puede decir a los padres 'edúcale en valores y dámelo a mí que yo le enseñe', ni decirle a los profesores 'todo te toca a ti, edúcale también en valores'. Son actitudes de vida. Si la actitud de vida de un profesor no transmite valores, no los captan, pero si en casa tampoco los tienen... Es un conglomerado.

-¿Y qué me dice de esa palabra mágica tan repetida: respeto?

-Distingo dos tipos de respeto. Por un lado, el respeto de educación, es decir, el 'usted', la conciencia de que el profesor es una figura superior. Ese respeto se ha perdido, en parte por mala interpretación del profesorado, porque hubo una época como de colegueo, del profesor amigo, y eso no puede ser, el profesor es el profesor. Si además quiere ser su amigo, lo puede ser, pero primero es el profesor. Y por otro lado, entiendo el respeto entendido como algo mutuo: si yo respeto al alumno, él me va a respetar a mí, si yo le doy lo que él me pide desde el punto de vista docente, él me va a responder de la misma forma, si yo soy respetuoso a la hora de poner un examen, coherente en las preguntas que pongo, los trato con educación y corrección... Ese respeto mutuo surge de la interacción entre profesor y alumno, no de la imposición autoritaria del respeto educativo del que hablábamos en primer lugar, que es el que ya no existe. El otro sí existe en determinados casos, en algunas parejas profesor-alumno. Pero yo no lo hecho de menos. Yo no salgo de clase pensando: 'Hoy no me han respetado'.

-¿Cómo influyen en todo esto los cambios en las formas de divertirse, la desaparición de los bolindres o las chapas en favor de las vídeoconsolas?

-La raíz de todo esto está en los cambios en las formas de vida, incluidas las de divertirse. Si antes un niño cogía el bocadillo de pan y chocolate a las cinco de la tarde y se iba a comérselo a la calle con los amigos, estaba conviviendo, respetando, tolerando, cediendo y también pegándose, y todo esto te permitía ir creciendo. Si ahora lo que se hace es sentarse en el ordenador a chatear sin saber con quién, hace que se crezca de otra manera. Así hay muchos que llegan mutilados emocionalmente o educativamente, no saben decir 'hola' ni 'adiós'.
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