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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 18 septiembre 2014

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ÁNGELA MURILLO MAGISTRADA DE LA AUDIENCIA NACIONAL
«Nunca sería una juez estrella»
«Me considero totalmente autónoma e independiente. Jamás me metería en política. Pero vamos, ni para heredar, porque no me gusta», afirma la juez extremeña Es magistrada de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional desde hace quince años y ha sido ponente en casos como 'Nécora', 'Al Quaeda', 'Charlines' o 'Grupos Y de ETA'
03.02.08 -

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«Nunca sería una juez estrella»
Ángela Murillo, magistrada extremeña en la Audiencia Nacional. / FOTOPRENSA
La magistrada de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, la extremeña Ángela Murillo, presidió el juicio Ekin, en el que se condenó a 47 integrantes o colaboradores con la banda terrorista ETA. Fue la primera mujer juez en tomar posesión en la Audiencia Nacional. Se declara por completo apolítica y una enamorada de su profesión. Minuciosa e implacable en su trabajo -se lleva uno por uno a su casa los tomos de los sumarios para repasarlos y examinarlos pormenorizadamente-, Ángela Murillo ha sido ponente de conocidos casos como el de la 'operación Temple', 'Nécora', 'Ucifa', 'Charlines', 'Al Qaeda', o 'Grupos Y de ETA', sentencias que han sido posteriormente confirmadas por el Tribunal Supremo. Huye de lo mediático, -es la primera entrevista que concede y ha querido hacerlo con HOY, el periódico de su tierra-, y se define como una magistrada de a pie, que vive su trabajo intensamente y nunca ha recibido ninguna indicación ni presión en el ejercicio de la Justicia. Adora Extremadura y, por supuesto, su ciudad natal, Almendralejo, donde va todos los fines de semana a visitar a su madre, delicada de salud. Allí estudió el bachiller, en el colegio del Santo Ángel, y COU, en el San José. Posteriormente, cursó los tres primeros años de Derecho en Córdoba y terminó la carrera en Sevilla, donde también inició su tesina. Cuando concluyó la licenciatura se trasladó a Madrid para opositar a juez.



-¿Llega a la carrera judicial por vocación? ¿Un juez nace o se hace?

-Por vocación absoluta, me encanta, creo que es la carrera más bonita del mundo. Desde muy joven, antes de empezar Derecho, me atraía, la veía absolutamente sugerente, muy bonita, muy vocacional. Aquí no se está por otro motivo que por la vocación y así creo que debe ser. No tiene horas, ni un horario laboral, no porque te lo impongan, sino porque es el deber con los ciudadanos, y lo mismo de explicar la sentencia, de que se enteren de lo que quieres decir en la resolución, que se haga con un lenguaje que la haga comprensible. A mí me gusta mucho hacerla sencilla -y hasta entretenida, dicen quienes la conocen-, que las personas la entiendan, la vean más próxima, se den cuenta de que una sentencia no es un bodrio, es algo hecho para ellas.

-Por la transcendencia de los asuntos que se ven en la Audiencia Nacional, ¿es más difícil ejercer aquí la Justicia que en otros órganos judiciales como en los que anteriormente ha estado destinada?

-Si te abstraes un poco de la transcendencia mediática del asunto no tiene por qué ser más difícil. No te puedes dejar influir por la grandeza del tema a nivel mediático. Es más complicado pero, a la vez, mucho más bonito, aprendes más, eso sin duda. La Audiencia Nacional es el destino que más me gusta de todos por los que he pasado.

-Fue la primera mujer en tomar posesión en este Tribunal, ¿influye en el mundo judicial la condición de ser mujer?

-En absoluto. Qué va, qué va, yo tenía más autoridad que un hombre (bromea). Días después tomó posesión mi compañera Manuela Fernández de Prado.

-Algunas voces apuntan a que la Justicia está politizada, ¿qué tiene que decir sobre esto?

-Puedo decir que yo de eso no entiendo porque en mi vida, y de verdad lo digo, jamás de los jamases, ni aquí ni en ningún otro sitio, he recibido ningún tipo de indicación por parte de nadie. Siempre he ido por libre como un pajarito, de acuerdo con mis compañeros, con el Tribunal, pero nunca he sentido presión. No la he podido sentir porque nadie me ha dicho ni pío en los asuntos que he llevado. Y he llevado algunos de mucha transcendencia. Me considero totalmente autónoma e independiente. Jamás me metería en la política. Pero vamos, ni para heredar, porque no me gusta. Me gusta este mundo, quisiera morirme siendo juez, porque para mí es la profesión más bonita si se desarrolla como tiene que ser, con absoluta imparcialidad, con objetividad, con afán de ayudar en la medida que se pueda al valor de la Justicia, sin ningún tipo de condicionamiento. Yo me siento absolutamente libre.

-Usted no destaca como algunos de sus compañeros por la transcedencia de su imagen a la opinión pública, ¿qué opinión le merece los conocidos como «jueces estrella»?, ¿le gustaría ser conocida como la jueza Murillo?

-A mí no. Pero creo que cada persona tiene una forma de enfocar su profesión. Creo que es la propia prensa la que constituye «jueces estrella» por la magnitud de los casos o porque ellos son más proclives a lo mejor a hablar de sus asuntos, pero con absoluta buena intención. No sería nunca juez estrella y no lo soy, como veréis. No he salido en ningún medio de comunicación, porque el cumplimiento de mi deber termina ahí y a por otra cosa, que para eso te pagan.

-Actualmente hay dificultades para elegir presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, con contínuas impugnaciones entre los candidatos, (entre ellos los jueces Garzón y Gómez Bermúdez), aunque usted es de los pocos miembros que no quiso solicitar la plaza, ¿cómo se llevan entre ustedes?

-Te voy a contestar con absoluta sinceridad. Yo he estado tres años en la Casa de Campo porque empecé a preparar el asunto de Al Qaeda allí, que era ponencia mía, mientras lo preparé, se celebró el juicio, pusimos la sentencia. E inmediatamente después empecé con el caso Ekin... y prácticamente hace un mes que he vuelto aquí (en referencia a la sede de la Audiencia), por lo tanto yo no he vivido eso. Pero el ambiente aparentemente es bueno. En las reuniones del Pleno reina la cordialidad y la educación, e incluso la amistad. Yo a mis compañeros los quiero mucho y con ellos me llevo bien y ellos conmigo también. Y a Javier Gómez Bermúdez le quiero muchísimo, y eso lo tengo que decir, porque además le conozco desde que entró. Quizá es porque yo no tengo absolutamente ningún tipo de pretensión que no sea la de ser una magistrada de a pie, que me encanta.

-En ámbitos políticos se les pide a ustedes que apliquen las normas de acuerdo a la realidad social de cada momento, ¿qué piensa de ello?

-Hombre claro, eso lo ordena el Código Civil, pero siempre aplicando las normas, sin saltárselas. Ahí están, y si hay que modificarlas que se haga por la vía legislativa, como es procedente. Naturalmente, procurando adecuarnos a la realidad social del tiempo, pero sin que eso suponga una nueva aplicación de la norma. Porque los jueces no somos legisladores, somos aplicadores de la ley, y estamos sometidos más que nadie a la ley. No se puede ejercer arbitrariamente esta profesión, ni mucho menos. Tiene que ser todo conforme a la ley porque somos los primeros obligados a obedecerla.

-Ha sido ponente en conocidos sumarios y recientemente ha presidido el juicio Ekin, en el que se ha condenado a 47 personas por integración o colaboración con ETA, ¿intuye un pronto final de terrorismo en nuestro país?

-Creo que no; pero, vamos, ojalá.

-Precisamente, durante el juicio de Ekin, que duró 16 meses y en el que se produjeron complicadas situaciones dado que las defensas buscaron todo tipo de nulidades y la suspensión del proceso, usted demostró una enorme fortaleza dado el difícil momento personal que vivió (su compañero falleció tras una larga enfermedad). ¿Cómo se puede compaginar la vida profesional de un juez y la personal en determinadas circunstancias?

-Es el bálsamo. He vivido experiencias en este caso y en otros anteriores. Cuando estaba de juez en Onteniente falleció mi hermana Rosario, a la que yo llevaba 15 años, y era como mi niña, y tres años antes mi hermano Javi con 29 años. ¿Sabes cuál era el bálsamo? Meterme en el trabajo sirve de medicina. Si no, me moriría de pena. Ahora murió Emilio, (su compañero), estuve con él en todo momento a su lado, salía del juicio y me iba con él. Murió un sábado y el lunes seguí con el juicio, tenía que hacerlo. Algunos forenses de aquí me decían, el duelo lo tienes que pasar, y yo les contesté que no, porque me voy a coger otro asunto gordo ahora, así que no me va a dar tiempo.

-Después de dictar una sentencia, ¿fastidia que su trabajo esté en boca de todos, que esté enjuiciado, a su vez, por políticos o periodistas?

-A mi particularmente no, porque no lo veo serio. Las críticas, por supuesto, son constructivas y son buenas, pero lo que no se puede es criticar una sentencia a los cinco minutos de salir y más cuando tiene 1.182 folios. Eso provoca más bien hilaridad, pero no me duele, ni me molesta siquiera, es más, ni lo leo. Me voy a otra cosa mariposa y se acabó, no me afecta en absoluto.

-¿Se siente vacío, soledad, después de dictar sentencia sobre un asunto en el que se ha trabajado tanto tiempo?

-Yo me sentí más rara que un perro amarillo. Porque acostumbrada a estar en la Casa de Campo, donde llegaba a las 10, paraba un rato a comer, seguía hasta las 8, y luego en casa hasta las 10 y media... Era un ritmo continuo porque sentencias de este calibre no admiten que cojas vacaciones ni en el verano. Te metes en esa mecánica que requiere este tipo de sentencias. Además me encanta escarbar,y escarbar, y sobre todo meterme en el mundo que trata el tema. Yo he aprendido mucho de este asunto. Piensas mucho, ves mucho, hilas muchos detalles. Es una labor preciosa, como un puzzle donde encajan las piezas y te va saliendo, tengo muchas ganas de coger otro asunto gordo porque me gustan más que las chiquininas. Quizá esta última resolución (en referencia al juicio Ekin) ha sido la más difícil, pero la más interesante y más bonita de las que he tenido.

-Recientemente la periodista Elisa Beni, mujer del juez Gómez Bermúdez, acaba de publicar 'La soledad del juzgador', ¿cómo cayó este libro entre los compañeros de la Audiencia Nacional?

-Vamos a ver, advierto de que no me he leído el libro, pero no es que quiera salirme por la tangente. Yo conozco a Elisa personalmente y me consta que por su parte no ha habido ningún tipo de intención de provocar el revuelo que ha habido. Es una mujer profundamente enamorada de su marido, eso es verdad, y lo ha dejado traslucir en un libro. Creo que su intención no fue crear malestar porque me lo ha dicho ella personalmente. Y yo me lo creo.

-¿En qué está trabajando ahora?

-Tengo proyectado trabajar en otro caso en relación con el entorno de ETA.

-Por último, ¿cómo ve Extremadura desde la distancia?

-Me encanta. Extremadura es preciosa. Será una gran desconocida pero tiene rincones preciosos. Por ejemplo, el Valle de Jerte y pueblos como Trujillo, Plasencia, el mío, Almendralejo... Me parece que es una región preciosísima.

-Ha cambiado mucho en los últimos años, pero ¿piensa que todavía le falta dar un salto para situarse como una región referente en nuestro país?

-Yo creo que ya es referente. Extremadura ya no es la de antes. Con mis compañeros hablo de mi tierra y raro es el que no la conoce y le encanta, además. Extremadura es preciosa y como soy extremeña la quiero muchísimo.
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