Sé que has venido a Cuba a trabajar, yo en cambio quise hacerlo antes de que el Comandante se muera, para vivir el resultado de su gestión, antes de que nos la cuente algún bufón de nuestra corte, uno de esos que dicen adorar a este tipo y que sin embargo viven de y al estilo yanqui. Bufones que siempre fueron así, babosos pelotas del poder. Los trataban a patadas pero seguían arrastrándose con tal de huir del curro. Y aquí, en nuestro Reino, cuanto más viras a babor más tipos así te encuentras. Eso es precisamente lo que me gustó de ti desde el principio: que no eras un bufón. Cuando consideraste que habías saturado tu mercado extremeño te instalaste en el Medellín colombiano para enriquecerte con los ritmos del trópico. Aquí te has mezclado con sus gentes para seguir creciendo y avanzando. Siempre de aquí para allá, buscando nuevos horizontes. En los últimos meses te he visto en Jerez y más tarde en Madrid, cuando ibas a un cine; ahora te veo pasar al otro lado de esta nostálgica vidriera bajo la cálida lluvia cubana y nos saludamos como si hiciera siglos que no coincidíamos.
Te animo a seguir con el trabajo que te hace feliz. Otros no serían capaz de hacerlo porque conlleva muchos sacrificios e ingratitudes. Estoy seguro de que pondrás ricos ritmos a tus canciones y que luego nos los vendrás a cantar aquí, como si nunca te hubieras ido.
Feliz año, amigo.








