Ahora la cosa, afortunadamente, es muy diferente. Primeramente porque si hubiera que correr lo haríamos delante de una amplia gama cromática que va desde el azul marino de la Policía Nacional, hasta el verde caqui de alguna empresa de seguridad.
El empleado de una de éstas que el sábado de la semana pasada se acercó a retirar un cartel contrario a la refinería durante la proyección de un documental de Libre Producciones en la Biblioteca Pública del Estado 'Jesús Delgado Valhondo' de Badajoz vestía de color marrón. Posteriormente, el susodicho mandado también invitó amablemente a un periodista a abandonar la sala. Afortunadamente para él, no había muchos más periodistas en la sala, con lo cual terminó pronto la faena.
Según parece no había pedido permiso a alguien en un gabinete que debía andar tres o cuatro plantas más arriba, no sé si del edificio o del escalafón político. Por cierto, tengo un amigo cuya máxima aspiración es tener su propio gabinete, sea de lo que sea. Me pregunto qué tendrá la cosa que tanto atrae.
A pesar de estas 'anécdotas', pudimos visionar todo el documental. Los y las de Libre Producciones nos mostraron su buen trabajo que venía a certificar lo que ya sabíamos, pero cuya reiteración nunca será demasiada, a saber: que una refinería es altamente contaminante, que no va a traer un El Dorado a nuestra región, que sólo unos pocos saldrán más ricos de lo que ya lo puedan ser, que las voces disidentes son amordazadas desde el Poder, y que los y las de Libre Producciones tienen lo que hay que tener.
El hecho de que desaparecieran de la puerta los carteles que anunciaban el evento lo achaco a un intento de hacernos llegar más luz para que no nos tropezáramos en los escalones de la entrada. Y como en la sala estábamos gente preocupada por el medioambiente, nos cortaron la calefacción, supongo que para ahorrar energía en un gesto de solidaridad.








