-¿Por qué se hizo guitarrista flamenca?
-En mi casa, aunque no había tradición flamenca, siempre había guitarras porque mi padre era aficionado, aunque no al flamenco. Así empecé, poco a poco. Primero en la peña flamenca el Mirabrás, con Luis Calderito, en Fernán Núñez, mi pueblo. Luego he ido actuando por distintos puntos de Andalucía.
-¿Por qué ha estado la mujer tan marginada en el toque?
-Yo creo que pasa lo mismo que en tantas otras profesiones. La mujer ha estado relegada y a consecuencia de las mejoras sociales de la mujer nos vamos haciendo hueco donde queremos, y también en la guitarra.
-¿Le ha sido difícil adentrarse en ese mundo tan masculino?
-Al principio, cuando era pequeña, llamaba la atención por curiosidad, no por cómo tocaba sino porque era mujer y estaba tocando. Una vez que te conocen se terminan los problemas, yo ahora no los tengo.
-¿Cómo está la cantera? ¿Tiene muchas alumnas?
-Sí, hay muchas niñas, yo era la única, pero ahora, de profesora, tengo muchas, y algunas con aptitudes. La cosa está cambiando mucho, se va normalizando, en poco tiempo dejará de ser un mundo sólo de hombres.
-¿Cuáles son sus palos favoritos?
-De los toques libres con lo que estoy más cómoda es con la granadina y de los toques al compás la verdad es que me gustan todos.
-¿Cuáles son sus dioses de la guitarra?
-Admiro a Paco de Lucía, por supuesto, la matriz de lo que viene todo lo demás y Vicente Amigo, otro guitarrista al que yo tengo admiración.
-¿Se ve haciendo fusión, prestando su toque para experimentos jazzisticos o pop?
-¿Por qué no? Hasta el momento no me me he metido en fusiones, pero puede ser interesantes, si llegara el momento me embarcaría, la música es música.








