
Los cementerios, que son los lugares más tranquilos de las ciudades, se convierten cada 1 de noviembre en un hervidero de actividad. Las calles, vacías el resto del año, acogen a familias enteras que, flores en mano, dedican la jornada a recordar a quien ya no está con ellos.
Los emeritenses no faltan a esta tradición y durante toda la jornada de ayer, en especial en torno al mediodía, acudieron al camposanto, ya sea a pie, subiendo la empinada cuesta de la avenida Vía de la Plata, o bien en coche, lo que obligó a aprovechar cualquier rincón como aparcamiento.
El recinto habilitado en torno a cementerio volvió a quedarse pequeño y a evidenciar que, aunque sólo sea un día al año, necesita una ampliación. Como se pudo apreciar, las calles de las urbanizaciones vecinas se vieron plagadas de vehículos, e incluso algunos conductores recurrieron a las cunetas y a las zonas verdes.
Buena ordenación
Los problemas de aparcamiento se vieron compensados un año más por la buena ordenación del tráfico que dispuso la Policía Local emeritense.
La avenida Vía de la Plata quedó habilitada en un solo sentido entre la rotonda que da acceso a Jardín de Mérida y las viviendas situadas junto a Grucomsa.
Esto dificultó en cierta medida la entrada al cementerio, pero contribuyó a agilizar la salida de los vehículos tanto en dirección a la rotonda de la carretera de Cáceres como hacia el centro de la ciudad. Para estos últimos, se habilitó la calle que desciende desde Grucomsa en paralelo a la carretera de El Palo.
Junto a esto, también se procedió, con buen criterio, a limitar la entrada a la explanada del cementerio. Una vez que se completó el espacio reservado para estacionamiento junto al camposanto, los agentes municipales cortaron la rampa de acceso. Esta medida también concedió más seguridad a las decenas de personas que durante toda la jornada pasaron por el recinto.









