
Este es el único punto fuera de la región donde los almendralejenses que viajen en tren no tendrían que hacer trasbordo. El resto, es decir para llegar a Madrid, Barcelona, Santander o Valencia primero deben ir hasta Mérida, 20 minutos y tres trenes diarios, -a las 7.20, 14.30 y 19.40- y en la capital organizar los enlaces hasta el lugar de destino. Las malas combinaciones, unido a los altos precios, el tiempo del viaje y la escasez de vagones que pasan diariamente por la estación almendralejense, hacen que la mayoría de los viajeros opten por la carretera antes que por el ferrocarril.
Vacío
Un día cualquiera de diario, la taquilla de la estación de autobuses, sita en la calle Juan Campomanes, es un ir y venir de gente y paquetes. La mayoría son trayectos cortos, a Solana, Mérida, Santa Marta, Villafranca..., paquetes que llegan y otros que facturan, dudas sobre abonos y estudiantes que parten a la universidad. Mientras, en la estación de trenes no hay nadie. Es la hora de llegada de uno de los seis que pasan al día y tan sólo encontramos a tres viajeros.
Hasta Madrid, que es otro de los destinos más demandados por los estudiantes, el 'chu-cu-chú' se hace interminable y el precio roza los 50 euros, sólo ida. Sin embargo, el bus tarda unas cinco horas, no hay que bajarse en otras estaciones y ofertan tres salidas diarias, a las que se le suman dos más los viernes y domingos. El precio es de 15.58 euros. Así pues, si un almendralejense quiere ir al norte de España en tren, primero deberá llegar hasta Mérida, y allí informarse del resto de las opciones, aunque no llegará más lejos que Madrid, donde tendrá que volver a bajarse y subirse, e incluso arrastrar las maletas de Atocha a Chamartín. Si por el contrario opta por Andalucía, su primer destino es Sevilla, Santa Justa.
Los universitarios son los usuarios más fieles a estos medios de transporte. Es el caso de Belén. Estudió en Madrid y jamás se planteó coger un tren. «Sobre todo por el tiempo. Ya se tarda mucho en autobús, que en coche son algo más de tres horas, como para perder medio día de dos que vienes a casa». Esta almendralejense apunta además que la mayoría de los trenes son lentos y antiguos.
El jefe de la estación de tren, Vicente García, justifica el método de cambiar de tren en las estaciones argumentando que «la gente no está acostumbrada a hacer trasbordos, pero en Madrid es lo normal». Aunque a la vez reconoce que hay pocos trenes y pocos destinos directos.
En los puestos de trabajo la situación ya no pinta como antes. Hace unos años eran cuatro personas desempeñando este cargo en diferentes turnos. Hoy son dos. «Todo es automático, abrir pasos, cerrar las señales... Se hace a través de un ordenador central», explica. Un adelanto que ha hecho que se pierdan puestos de trabajo, pero que, según Vicente, «se gana en seguridad».
En la región
El mapa extremeño parece hacerse más grande si queremos coger el tren para desplazanos. Sólo llegaremos hasta Guareña, Valdetorres, Don Benito, Villanueva de la Serena, Campanario, Almorchón y Cabeza del Buey. Ni siquiera a Cáceres o Badajoz, que la espera en la capital emeritense se extiende hasta media hora entre tren y tren.
Le empresa que circula por las carreteras extremeñas, Leda, llega a más de cien pueblos y ciudades con multitud de horarios y precios. Todos están en la cabeza de Malena García que atiende la taquilla. Para informar de todos y cada uno de ellos reparte trípticos detallados, papeles e incluso saca de internet el itinerario de directos hasta Valladolid, Gijón o Santander. Esta es otra de las ventajas: siempre hay alguien en taquilla, mientras que en los trenes no habrá quien atienda los fines de semana y festivos, tampoco al teléfono.
Intercambiador
De esta manera y con multitud de obstáculos, la estación de tren va muriendo y siendo olvidada poco a poco. Aún así, el Ayuntamiento tiene proyectado, dentro del nuevo Plan General de Ordenación Urbana, la elevación de las vías y la construcción de un intercambiador, es decir, un lugar donde se una carretera y andenes para facilitar el trayecto, sobre todo de largo recorrido a los viajeros. Lo que no contempla, y no tiene que hacerlo el PGOU, es si aumentará la cantidad y la calidad de esos trenes, y si los viajeros podrán disponer de otras opciones para salir de la ciudad que no sea sólo la carretera.








