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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

SOCIEDAD
Cedés colgantes tratan de evitar la nidificación de golondrinas
Esta costumbre, dudosamente eficaz, se ha extendido por numerosos pueblos de Extremadura El grupo de Biología Evolutiva y Comportamiento Animal de la Uex estudia a estas aves desde hace décadas
01.10.07 -

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Son veloces, tozudas, ágiles y aerodinámicas y protagonizan bulliciosos vuelos junto a sus nidos en las primeras y últimas horas de la tarde. Las golondrinas han convivido con el ser humano durante toda la historia en campos y ciudades, pero ahora parecen hacerse notar de manera más especial y abundante.

Quizá por eso, los hombres que las han cantado en corridos mejicanos o glosado en poemas becquerianos adoptan las más diversas medidas para alejar los nidos de golondrina de los aleros de las casas y, con ellos, las molestias que proporcionan tan hiperactivos animalitos.

Cada vez es más frecuente encontrar en los balcones de los pueblos de Extremadura, tendidos de cuerdas como si de ropa se tratara, colecciones completas de cedés usados que brillan el sol en un intento de espantar las golondrinas.

El catedrático de la Uex Florentino de Lope, miembro del Grupo de Biología Evolutiva y Comportamiento Animal, no está muy convencido de que se trate de un método infalible, aunque admite que las aves pueden verse influidas en principio por los brillos metálicos del cedé colgandero. Y nos recomienda no engañarnos: Este sistema puede desviar algo a las golondrinas de su intención inicial sobre dónde construir el nido, pero no se lo llevarán demasiado lejos, sobre todo si ya vivieron con anterioridad en ese lugar.

El caso es que los cedés siguen aumentando en los balcones de pueblos y ciudades de Extremadura y son muchos los que se sienten tentados a probar la efectividad del invento.

Disuasión

Lo que sí ha demostrado cierta eficacia para disuadir a las golondrinas es, según el profesor De Lope, la instalación de escuadras plastificadas o de aluminio en los rincones de las fachadas donde estos pájaros intentan fijar sus nidos. Así se hizo en el edificio de la Residencia de la Caja de Ahorros de Badajoz que se ha visto muy amenazado por este problema.

Es que las golondrinas responden a la filopatria, es decir, el instinto de volver una y otra vez al mismo lugar donde nacieron o donde se han reproducido.

Con su pico triangular se alimentan exclusivamente de insectos cazados al vuelo. Se reconocen cinco clases distintas de golondrinas, de las cuales las más corrientes son el avión común (que a veces se confunde con los vencejos) y la golondrina común.

Mientras que las golondrinas se deslizan a veces hasta el interior de las casas y nidifica en establos, pajares o garajes, el avión lo hace en cornisas de viviendas y en aleros. Y es frecuente encontrarle también en las zonas de pantanos.

El grupo

Florentino de Lope forma parte del grupo de investigadores universitarios extremeños que desde hace más de 30 años estudia la vida de las golondrinas.

Estas investigaciones no sólo contribuyen al conocimiento del comportamiento de estos animales sino que han sido igualmente de interés para el estudio de la evolución genética o la incidencia de situaciones amenazantes, como la provocada por la radiación proviniente del accidente de Chernobil.

Florentino de Lope asegura que las golondrinas son bastante respetadas por los humanos, sobre todo en los entornos rurales donde están arraigadas las viejas leyendas sobre el alivio que estos animalitos habrían prestado a Cristo en la cruz.

Pero el respeto humano por las golondrinas se centra básicamente en los pájaros vivos y no tanto en sus nidos, que muchas veces son echados abajo para evitar las molestias que estas aves dan. Entre dichas molestias destaca la proliferación de excrementos que ensucian paredes y cristales y que son abrasivos.

A pesar de convivir históricamente con los humanos en la ciudad, opina De Lope que las golondrinas no constituyen aún un problema tan grave como el que se plantea en las urbes con las palomas, en buena parte porque no se alimentan de la comida que arrojan los humanos.

Pero, como toda especie que no ha sido duramente acosada, las golondrinas también se han acostumbrado a la proximidad del hombre y son incluso capaces de identificar la apariencia de los científicos que de forma periódica revisan sus nidos cogiendo datos y mediciones y a los que han aprendido a temer como alguien que les causa molestias.

Estudios

La filopatria, tan acertadamente glosada por Bécquer en su famosa poesía, ha permitido a los científicos extremeños estudiar con detenimiento a estos animales que tienen una media de vida de 2,5 años, aunque De Lope y sus investigadores han estudiado un individuo que vivió nada menos que 8 años.

«¿Qué ventajas puede tener esto -explica De Lope refiriéndose a la costumbre de las golondrinas de volver a los lugares conocidos-. Pues que puedes usarlas no sólo como bioindicadores sino también para hacer trabajos sobre la edad. Desde hace tiempo estamos metidos en el estudio de la senescencia ya que todos estamos destinados a morirnos pero, ¿por qué? ¿Por qué envejecen los individuos?».

La mortalidad de las golondrinas recién nacidas es de un 55% y a ello hay que unir las bajas que provocan las condiciones en que se produce la migración de estas aves. Las golondrinas también van sufriendo deterioro y desgaste según envejecen y la curva de mortalidad es muy fuerte a partir de los tres años.

Reproducción

El grupo de investigación extremeño ha trabajado también sobre la selección sexual y la reproducción en las golondrinas. La diferencia sexual entre machos y hembras viene dada por una mayor longitud en la cola de los machos, que es el indicativo de su salud y su capacidad de resistencia y determina la elección que las hembras realizan del macho que prefieren para reproducirse.

«Hemos visto que estos individuos tienen más capacidad de respuesta inmune, mejor pigmentación y tiene más desarrollada una coloración rojiza en la garganta que es un indicativo de antioxidantes» -explica.

«Podría pensarse que el que tenga la cola más larga volará mejor, pero en realidad es más costoso hacerlo-continúa. Ese rasgo supone un aumento del gasto energético diario en estos individuos que tienen caracteres más desarrollados. El individuo que tiene estos caracteres es porque se puede permitir el lujo de gastar mucha energía, llevándolos de forma ostentosa para atraer a las hembras».

Las golondrinas son monógamas, pero el 26% de los hijos no son del macho de la pareja, sino que proceden de cópulas realizadas con otros machos en los periodos de celo.
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