Lunes, 9 de julio de 2007
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BADAJOZ

Publicado: 10:42

REPORTAJE
Yo compré un gramo de coca
Un redactor del Diario HOY logró adquirir esta sustancia en Badajoz en tres horas con un par de llamadas, un paseo por el Casco Antiguo y 60 euros
Yo compré un gramo de coca
En la calle Sepúlveda muestro el gramo de cocaína que llevo en la mano./A.L.S.
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Es fácil comprar cocaína en Badajoz? Al menos, España es el país del mundo donde más se consume esta sustancia, según un reciente informe de la ONU. Tres llamadas, un paseo por el Casco Antiguo, sesenta euros y, en tres horas, casi cualquiera puede conseguir un gramo de cocaína.
Como casi cualquier joven, salgo con mis amigos, hacemos botellón, nos tomamos unas copas y poco más. Como casi cualquier joven, también conozco gente que fuma porros o incluso, es posible, que consuman algo más fuerte. Pero no en mi entorno más cercano.
Costo sí, coca no
Mi primera idea para comprar cocaína fue aprovechar las fiestas de San Juan. Así que, mientras disfrutaba de ellas con mis amigos intenté encontrar un vendedor en el ferial. Probé suerte en tres de las casetas más concurridas y hablé con varios camareros en cada una de ellas. «Costo si, coca no» fue la respuesta casi unánime de los encuestados. Uno me miró como si estuviese demente, otro me preguntó: ¿qué quieres pillar? como si tuviese una carta de drogas. Sin embargo, la cocaína no entraba en el menú.
En la tercera caseta en la que insinué estar impaciente por meterme una raya estuve más cerca de lograr mi objetivo. Un camarero bastante amable me dijo que no me alejase de la barra porque le iba a preguntar a su compañera, «que es la que controla». Esperé un par de minutos hasta que habló con otra de las camareras, se acercó a mí y me informó de que no podían ayudarme.
En busca de un contacto
Comprar cocaína no es tan fácil como pedirse una copa. Alguien me explicó que «para pillar hace falta un contacto». Así que me inventé una historia absurda sobre mi curiosidad por las drogas y les comenté a unos conocidos que quería comprar. A través de ellos, y con sorprendente rapidez, entré en contacto con tres personas que conocían de cerca este mundo y estaban dispuestas a ayudarme.
La primera pista me llegó por parte de un compañero de otro medio de comunicación que me comentó que un chico de su oficina había consumido cocaína hace tiempo. Cuando este periodista le contó que yo quería comprar, la respuesta fue que «no podía ayudarme ahora mismo porque se iba de vacaciones», pero que podía acercarme a un bar concreto del Casco Antiguo porque allí «o tienen para vender o saben decirte a dónde tienes que ir». Este contacto, además, me explicó que «la cocaína en Badajoz es de muy buena calidad y que es posible comprar 10 gramos para revender», aunque «hay que ir a sitios muy chungos y tienen que conocerte porque si no, pueden darte polvos de talco o cualquier cosa».
La verdad es que no me hizo falta acercarme a este local porque los otros dos contactos fueron mucho más precisos en sus indicaciones y empecé a pensar que todos hablaban del mismo sitio. Sin embargo, lo que sí me sorprendió fue que alguien que me conocía encontrara totalmente natural que quisiera comprar cocaína.
Al segundo contacto me lo presentó un amigo. Era su compañero de estudios y consumidor reconocido. Gracias a esta persona conseguí rápidamente mi objetivo. Con sólo una llamada y a pesar de no conocerme, me dio la dirección de una casa del Casco Antiguo, el nombre clave por el que había que preguntar y permiso para dar su propio nombre como referencia. Asimismo, indicó que era «el sitio más famoso para pillar en Badajoz, donde va todo el mundo».
Sin embargo, antes de ir, decidí poner a prueba al tercer contacto, alguien a quien hace tiempo le oí hablar de esta sustancia. El también aceptó con naturalidad que yo quisiese comprar y, sorprendentemente, me citó en la misma casa cuya dirección acababan de darme. Éste, además, me dijo que fuese tranquila, que eran buena gente y que no pasaba nada.
Después de estas llamadas, empecé a ver claro qué hace falta para comprar cocaína en Badajoz, un contacto, aunque sea lejano. Y yo ya lo tenía.
A la compra
Cuando llegó el momento de ir a comprar la cocaína, me asusté. Sabía lo que tenía que hacer: ir a la calle Sepúlveda, encontrar un portal semiabierto, entrar, acercarme a una reja que da al salón de una casa y preguntar por Manuel. Pediría ‘un pollo’, que es un gramo, y si desconfiaban, explicaría que me enviaba su vecino Antonio. Sesenta euros y objetivo conseguido. Pero tenía miedo, esperaba encontrarme al tal ‘Manuel’ y suponía que era alguien peligroso. Si me temblaba la voz o dudaba ¿qué pasaría?
Una amiga me acompañaba. «Es mejor que no vayas sola y ni se te ocurra ir antes de las doce», me había dicho mi tercer contacto. Y yo pensaba hacerle caso. Así que, a las doce y media, nos dirigimos a una calle del Casco Antiguo y fuimos mirando, portal a portal, hasta encontrar el que estaba abierto. Por fin, uno cedió y las dos entramos. Avanzamos por un pasillo y vimos la verja que nos habían descrito. Tras ella había un balancín con una niña pequeña. Paré en seco y le dije a mi amiga que nos marchásemos porque nos habíamos equivocado.
Salimos a la calle avergonzadas porque creíamos que nos habíamos colado en una casa particular cualquiera. Sin embargo, delante de nosotras se cruzó un chico de aspecto adolescente que entró al portal que acabábamos de abandonar. A los tres minutos, el chico salió con algo en la mano. Nos miramos y lo comprendimos, no nos habíamos equivocado, allí vivía el camello y además, un bebé.
Nos armamos de valor y volvimos a entrar. Esta vez llegamos hasta la verja y tras ella apareció una chica menor que nosotras, de unos 20 años, despeinada y vestida con un pijama de color azul. Le dije «busco a Manuel» y ella respondió «es aquí, ¿qué quieres?» Tras un momento de estupor, contesté que un gramo y desapareció tras una puerta. Me puse a observar la habitación, la niña se balanceaba y parecía quedarse dormida con el chupete en la boca. El resto era totalmente normal: algunos juguetes por el suelo, un sofá blanco y eso sí, la pantalla de plasma más grande que he visto en una casa.
La chica volvió con la droga en la mano y con más curiosidad que desconfianza me pregunto por qué conocía ese sitio. Le conté que venía de parte de su vecino Antonio y pareció quedarse satisfecha. Le entregué el dinero, me dio el gramo y volvió a sentarse en el sillón. Nosotras salimos a la calle y durante los primeros 200 metros no hablamos. Hasta que mi amiga preguntó: «¿Sería su madre?» No sé qué decirte, le contesté.
La Policía confirma que ha crecido el tráfico y el consumo
La tasa de consumo de cocaína en España supera, por primera vez en la historia, a la de Estados Unidos y cuadruplica la media europea, según un informe de la ONU. El consumo se ha duplicado desde 1999, cuando era del 1,6 por ciento de la población, hasta 2005, año en el que alcanzó el 3 por ciento, un porcentaje que no se repite en ningún otro del centenar de países estudiados. Estos datos también afectan a la provincia de Badajoz donde se ha disparado el consumo de esta sustancia en los últimos años.
Según la división antidroga de la Jefatura Provincial de la Policía Nacional, en Badajoz ha aumentado «tanto el consumo como en tráfico en los últimos años». Asimismo, las cantidades incautadas por esta unidad también han crecido notablemente. Según su testimonio, «hace tiempo se intervenían papelinas o algunos gramos pero ahora, en las detenciones, incautamos más de medio kilo e incluso, en dos ocasiones, más de 10 kilos de esta sustancia».
En cuanto al origen de la cocaína que entra en Badajoz, la mayor parte, según esta división, se introduce desde Madrid por carretera aunque también hay casos de tráfico desde el sur y también, procedente de Levante.
Perfil del consumidor
Sin embargo, lo que más ha cambiado en estos últimos años ha sido el perfil del consumidor de cocaína.
Actualmente existen dos tipos de compradores. Por una parte los consumidores habituales de drogas que, tradicionalmente, se inyectaban heroína pero que se han cambiado a la cocaína mezclada con heroína y fumada. El Centro de Drogodependencias de Extremadura (CEDEX) de la ciudad ya alertó en su último informe sobre el crecimiento de este tipo de drogadicción.
Por este centro, pasan unos 600 pacientes al año y en su última memoria la cifra de adictos a la cocaína en tratamiento fue de una centena. Este dato puede parecer poco relevante en comparación con el alcoholismo o la dependencia de la heroína. Sin embargo, los responsables del CEDEX alertaron sobre el crecimiento que hace presagiar que la cocaína puede convertirse en el principal problema de drogodependencia.
Por otra parte, existe otro tipo de comprador de cocaína que suele, según la división antidroga, consumir esta sustancia en fiestas o en determinados locales. Se trata de una persona con un buen trabajo y bastante poder adquisitivo y en este caso, esnifan la cocaína.
Al cambiar el tipo de consumidores, también ha variado el perfil de los traficantes. En este caso, también existen dos tipos de vendedores. El primero se encarga de suministrar a los ‘yonkis’ en puntos negros de barrios marginales según explica la Policía Nacional. Este traficante se dedica al menudeo.
Sin embargo, el otro perfil de vendedor es más ambicioso y no suele traficar por sí mismo, sino que cuenta con una red de vendedores que actúan en su lugar. Según explica un miembro de la brigada antidroga, «el año pasado desarticulamos una red que distribuía la droga proporcionando teléfonos móviles y motos a unos chavales para que se moviesen por la ciudad».

 
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